Indago sobre cómo interpretamos y re interpretamos los fragmentos que tejen nuestra memoria, tanto en el ámbito privado como colectivo, las interpretaciones propias o ajenas del recuerdo afectan su “veracidad”. Es en el fragmento que compone el recuerdo donde se encuentra una cantidad infinita de mundos probables que varían según quién o qué lo evoque. Para ello utilizo materiales que tengan un significado personal, como el papel, el hilo, la tinta y el cabello humano. Utilizo el hilo para dibujar bordando a modo de dibujo, pero en un proceso es más lento y repetitivo. Me interesa bordar con cabello por que cuenta historias, lleva por dentro el ADN del donante y, por otro lado, lleva la historia del entorno de este en las partículas que carga por fuera. Opto por lo íntimo del formato pequeño o mediano, con colores sutiles que capten al espectador por el trabajo meticuloso, a veces frágil, con símbolos por descubrir. Estoy explorando el

fotolibro

como extensión de la obra exhibida, como pedazo de obra que puede quedarse de forma material con el espectador y que a su vez lleve en sí la sensación del proceso.